74. Preservar los Mezcales Tradicionales: responsabilidad ciudadana ineludible


La extraordinaria diversidad cultural, sensorial y biológica de los mezcales tradicionales (MT) es su signo distintivo; el escasísimo conocimiento que tenemos de ellos una verdadera vergüenza. Este último resultado del desprecio, ninguneo, racismo y flojera mental con los que se sigue “conceptualizando” la bebida, aún por quienes supuestamente la promueven, apoyan, certifican y comercializan. Prueba de ello son los comentarios que he escuchado cientos de veces: que el perlado en un mezcal no indica nada; que la riqueza alcohólica no es importante; que los procesos tradicionales de elaboración son ineficientes; que los maestros mezcalilleros no controlan la calida del mezcal y que no saben catarlos ni describirlos, etc, etc. Comentarios todos ellos que muestran la falta de respeto que existe por parte de quienes los emiten hacia los verdaderos expertos en mezcal (los maestros mezcalilleros y sus comunidades) y que sólo buscan desacreditarlos para despojarlos impunemente de su patrimonio cultural.
La aseveración anterior no es una exageración: la Denominación de Origen Mezcal propicia la adulteración al permitir hacer “mezcal” 60% agave con 40% de otros azúcares; incluye 5 estados completos de México y 2 de ellos parcialmente, lo que sencillamente destruye el concepto de Denominación de Origen y la hace insostenible geográfica y jurídicamente; además, la Denominación de Origen Mezcal excluye a 14 estados que también tienen tradición mezcalera como Jalisco, Edomex, Michoacán, Sinaloa, Nuevo León, Puebla, Nayarit, entre otros. Todo esto no fue consultado a las comunidades mezcaleras, y obviamente viola su derecho constitucional a conservar sus tradiciones y a la consulta.
Ante esta violación de los derechos humanos no sólo de quienes producen el mezcal, sino de todos los ciudadanos que también tienen derecho a disfrutarlo, urge generar una amplia corriente ciudadana que ayude a preservar los MT de la ola de comercialización inescrupulosa y de la normatividad que los destruye.
http://impreso.milenio.com/node/8954978

Category: Milenio, Publicaciones

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *